Magda Cubel | Apego como base segura con hijos biológicos y/o en acogida
Establecer una base segura es necesaria tanto para los hijos biológicos como para los que están en acogida. Sin esta base no podrán llegar a ser adultos emocionalmente estables.
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Apego como base segura con hijos biológicos y en acogida.

La familia es muy importante para que los hijos puedan llegar a ser adultos emocionalmente estables. Las relaciones familiares son fuente de apoyo y ayuda para que un niño y un adolescente pueda proyectarse a futuro como un adulto sano y responsable.

Algunos autores hablan del modelo de parentalidad basada en el apego y en la resiliencia para poder ayudar a criar hijos biológicos o en acogida. Este modelo contiene cuatro dimensiones de cuidado: disponibilidad, sensibilidad, aceptación, cooperación y pertenencia a la familia.

La capacidad de pertenencia y disponibilidad, ofrece elementos de reparación en la capacidad de relacionarse y vincularse sanamente.

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Segun Gillian Schofield y Mary Beek, este modelo de base segura promueve la competencia, la confianza y el vínculo en niños.

Si nos centramos en adolescentes que están en situación de acogida, las relaciones que se establezcan en su vida familiar van a ser imprescindibles para su desarrollo. Ya que a estos adolescentes se les ha empujado o “animado” a “hacerse mayor”, “saber lo que es la vida”, “hacerse un hombre/mujer”, “aprender a base de…”, cuando no está preparado porque aún sufre las consecuencias en forma de secuelas que el maltrato deja a nivel de vínculo, trauma y desarrollo madurativo.

La negociación y la reciprocidad son básicas en la adolescencia, sobre todo si las relaciones proporcionan una base segura.

Cuando los adolescentes son ansiosos, inseguros y desconfiados, y particularmente cuando no tienen resueltas en las relaciones la pérdida y el daño sufridos, encontrarán muy difícil no solo ajustarse a las demandas de los otros adolescentes sino utilizar a los cuidadores como una base segura para ayudarles a gestionar sus desafíos diarios. La necesidad de defenderse contra la ansiedad, el miedo a la soledad, a fallar, a ser dañado o dañar a otros hace que estas estrategias maladaptativas aprendidas tempranamente en la infancia puedan seguir persistiendo en la adolescencia, haciendo que sean más disruptivos.

El sistema de cuidados y el vínculo de apego tienen un punto de apoyo en la biología pero no son patrimonio exclusivo de ella. Es una experiencia neuroafectiva que hunde sus raíces en el conocimiento relacional implícito almacenado en la memoria. La búsqueda del vínculo de apego tiene un valor etológico porque así podemos sobrevivir pero no quiere decir que tengamos que formarlo exclusivamente con quienes tenemos un parentesco biológico.

Magdalena Cubel Alarcón

(Psicóloga clínica Valencia/Benimaclet)

 

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