Magda Cubel | Estilos de apego
Los vínculos que los adultos son capaces de establecer con sus bebes determinarán los estilos de apego que adquieran los niños y les marcará en sus futuras relaciones con sus iguales..
Estilos de apego, seguro, inseguro, desorganizado, ansioso, ambivalente, maltrato, abuso, seguridad, atención, miedo, confianza
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Estilos de apego

En función de cómo establezcan los niños los vínculos con su cuidador, se establecen varios tipos de apego:

Apego seguro

Estos niños han aprendido que sus cuidadores que son incondicionales, que los quieren, valoran y cuidan eficazmente. Saben que estas figuras están presentes o disponibles siempre que las necesitan.

Se consigue una relación de intimidad a través de la disponibilidad y accesibilidad de los cuidadores hacia el niño, de responder de forma rápida, afectiva y eficaz ante las demandas del niño, y en la coherencia de la relación. Así aprenden a sentirse seguros y queridos, confiar en los demás y saberse valiosos.

Apego ansioso-ambivalente

Estos niños establecen un patrón de inseguridad o duda en la relación. No consiguen estar seguros de la incondicionalidad de las figuras de apego (por eso necesitan mucha aprobación, que les demuestren una y otra vez que les quieren), de su disponibilidad o accesibilidad (por eso no aceptan las separaciones), de su cariño de la valoración que hacen de ellos, y por ultimo, de su eficacia. Optan por hiperactivarse y aumentar las conductas de apego para poder mantener al cuidador.

El miedo al abandono, a no recibir respuesta o que ésta sea insuficiente, la duda de cómo les valoran sus cuidadores, está presente. Las causas pueden ser diversas, como la incoherencia en la conducta de los cuidadores, el chantaje emocional como forma de disciplina, la propia inestabilidad en las relaciones entre los padres, etc.

Apego Evitativo

Estos niños han aprendido que no pueden contar con sus figuras de apego. No los quieren, ni valoran ni tienen capacidad para ayudarlos. Han aprendido a no expresar ni entender las emociones de los demás, a evitar el contacto emocional que siempre les fue frustrante. Se adaptan retirándose de la interacción y desconectando emocionalmente del cuidador (siendo una estrategia útil para mantener a la figura de apego), Acaban formando una especie de coraza invisible, que les lleva a rechazar la intimidad y a comportarse como si no les importaran los demás. 

Construyen una aparente autonomía que no es tal, sino que se trata de un conjunto de estrategias aprendidas para sufrir lo menos posible. Las causas son el rechazo emocional de los cuidadores, la falta de respuesta a sus demandas, la falta de interacción íntima, la interacción fría y distante, la falta de disponibilidad y accesibilidad, la ineficacia ante las ayudas que ha necesitado, la minusvaloración, etc.

Apego desorganizado

Estos niños son víctimas del terror que provocan situaciones de malos tratos en los que sienten que no existe ninguna estrategia organizada útil para poner fin a las situaciones en las que es violentado (golpeado, insultado, vejado…) o tratado de manera altamente incongruente, quedando al amparo de los cambios mentales (y consiguientemente conductuales) de los cuidadores principales. El terror le invade y ninguna estrategia le resulta eficaz. No puede ni aproximarse ni evitar o escapar de la figura de apego que le daña). Contiene en su expresión características tanto de los apegos evitativos, como ansioso-ambivalentes e incluso seguros. Pero sin un orden coherente. A veces, no le queda más opción que la de congelarse y disociarse como único modo de defenderse del colapso mental que supone quedar a merced de una situación maltratante.

El apego desorganizado no lo muestra siempre el niño, sino que éste es un funcionamiento que tiene lugar bajo determinadas circunstancias. Y que en la medida que va creciendo el niño, la manera que tiene de poder organizar toda esa desorganización interiorizada de los modelos parentales es la de desarrollar apegos controladores (punitivos o complacientes) que tienen como fin tener bajo control a la figura de apego y el entorno que le rodea.

 

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