Magda Cubel | Apego y pareja
Según el tipo de apego que hemos adquirido en nuestra infancia nos convertimos en adultos con un estilo de apego que influirá en nuestras relaciones de pareja y en la forma de vincularnos a ellas.
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Apego y pareja

Cómo nos relacionamos con nuestras parejas depende de aquello que aprendimos a través de nuestro vínculo de apego en la infancia. En función de la experiencia que hayamos tenido estaremos más o menos vinculados a nuestra pareja.

EL APEGO

Las figuras de apego son las personas que más influyen en la socialización de niñas y niños. De éstas se aprende el lenguaje de la intimidad que precisamente usamos en las relaciones de pareja.

A través del apego cubrimos nuestra necesidad de seguridad emocional (aceptación, autoestima, afecto, cuidado).

La capacidad de establecer nuevos vínculos de apego permanece abierta toda la vida. Cuanto mejor vinculado esté un niño a sus cuidadores, más se vinculará a otras personas. Así los vínculos y figuras de apego pueden ampliarse a lo largo de la vida.

Hazan y Zeifman afirman que la función del apego en la adultez sigue consistiendo en proporcionar apoyo y seguridad.

Weiss añade que esa seguridad se da “potenciando las  capacidades de la propia persona para superar las situaciones que supongan un reto para su  seguridad”, en lugar de protegiendo. La figura de apego suele ser la pareja, y los padres o la familia nuclear pasan a tener una posición secundaria.

El apego tiende a mantenerse estable a lo largo de toda la vida. Combinado con nuestras experiencias en las relaciones de amistad y amorosas, contribuye a establecer nuestro apego en la edad adulta.

SEGUN EL TIPO DE APEGO…

Los niños que han tenido un apego seguro aprenden a sentirse seguros y queridos, a confiar en los demás y saberse valiosos. Serán personas más capacitadas para organizar bien su vida emocional, afectiva y social.

Los niños con un apego ansioso ambivalente sienten miedo al abandono, a no recibir respuesta o que ésta sea insuficiente, la duda de cómo les valoran sus cuidadores, está presente. Serán personas inseguras que dudarán de su valía y sentirán ansiedad.

Los niños con apego evitativo,  acaban formando una especie de coraza invisible, que les lleva a rechazar la intimidad y a comportarse como si no les importaran los demás. Construyen una aparente autonomía que no es tal, sino que se trata de un conjunto de estrategias aprendidas para sufrir lo menos posible.

Los adultos con apego seguro, están dispuestos a ir por la vida con otras personas, a intimar y comprometerse con ellas de manera firme y estable en una relación de pareja, pero si no la tienen pueden vivir solas sin necesitar ser completados.

Los adultos con apego ansioso ambivalente,  están tan necesitados de los demás que les cuesta estar solos. Necesitan ser completados. Una vez establecida la relación de pareja, presentan cambios emocionales, contradicciones o ambivalencias. Es frecuente que les asalten miedos y dudas con respecto al otro o a la relación. Necesitan aprobación y confirmaciones continuas, así como comunicaciones frecuentes.

Los adultos con estilo evitativo presentan miedo a la intimidad. Piensan que las relaciones íntimas dan problemas, y que lo más inteligente es evitarlas. Suelen insistir en las ventajas de no estar emparejado. Si llegan a establecer una relación, tienden evitar que en ella haya fuertes emociones positivas o negativas. La contención, el control y  hasta la frialdad emocional es su forma de evitar la intimidad.

El vínculo entre dos adultos debe ser simétrico. Cada persona ejerce de figura de apego para la otra de la misma manera que recibe los cuidados de la otra. En función del estilo de apego de cada uno se vinculará de una manera u otra a su pareja.

 

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