Magda Cubel | Trauma y escuela
Muchos niños que están es situaciones traumáticas pueden tener comportamientos inadecuados que se confundan con problemas de ansiedad, TDAH o agresividad, entre otros. El papel de los profesores con estos niños es fundamental para poder ofrecerles un espacio de seguridad donde puedan recuperan la confianza en ellos mismos.
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Trauma y escuela

Para los niños que han experimentado un trauma, el aprendizaje puede convertirse en un reto difícil. Pero no solo el aprendizaje, sino todos los comportamientos que los niños pueden tener dentro del aula, que convierten en una tarea difícil el arte de aprender.

Estos niños pueden tener comportamientos más agresivos con sus compañeros, pueden estar mas frustrados por no poder obtener buenos resultados, puede que les cueste concentrarse y pueden ser tachados de TDAH.

Esto puede suponer un problema tanto en sus relaciones con compañeros como con los profesores que pueden interpretar que los desafían o los retan.

Estos niños necesitan de sus profesores comprensión y paciencia. Necesitan poder ser valorados y elogiados por sus profesores, y necesitan que les ayuden a sentirse seguros en el espacio académico.

Les ayuda mantener una estructura, saber lo que va a pasar, necesitan saber que existe control, que las situación es controlable y segura y sobre todo que el adulto lo va a proteger de las injusticias.

Necesitan saber que son buenos en algo, ya que esto les ayudará a recuperar la sensación de dominio y control y les ayuda mucho que sus profesores puedan facilitarles tareas que puedan superar con éxito, y sentir su valía a través de esas pequeñas tareas que puedan superar día a día con éxito.

Si los niños están en alerta permanente es difícil que puedan aprender. De ahí la importancia de que sientan confianza y seguridad. Sentir el apoyo de compañeros y profesores es la mejor “medicina”. Ayudarles a regularse y recuperar el control cuando lo pierden, les devuelve la confianza y seguridad.

Las situaciones traumáticas favorecen la desregulación y dificultan el aprendizaje de la autorregulación. Estos niños no saben calmarse a sí mismos. Necesitan que el adulto detecte su desregulación y les ayude a calmarse.

Recordar que “el niño no es su comportamiento”, que bajo ese comportamiento puede haber alguna situación que este viviendo ese niño que pueda generar ese comportamiento. Poder pararse a pensar de esta manera y poder prestarle comprensión y atención a ese niño, favorecerá un espacio donde el niño se pueda sentir más seguro y será una medida de protección para el mismo.

A modo de conclusión, recordar que el papel de los profesores con estos niños es fundamental para poder ofrecerles un espacio seguro donde puedan recuperan la confianza en ellos mismos y en los demás.

(Adaptado del Instituto Nacional para Trauma y Pérdida en Niños de Detroit).

Magdalena Cubel Alarcón

Psicóloga Clínica Valencia Benimaclet

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