Magda Cubel | Abrazame tan fuerte que espantes la soledad…
Licenciada en Psicología y especialista en Psicología Clínica. Psicoterapeuta profesional desde 1991. Psicología infantil, adolescentes y adultos.
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Abrazame tan fuerte que espantes la soledad…

Habia una vez un cactus que solo quería un poco de afecto para ser feliz. Sin embargo, en su familia todos creían que un abrazo era símbolo de debilidad.

Profundamente insatisfecho, un día encuentra a un enorme globo amarillo en medio del desierto. El globo era valiente y seguro. Sin embargo, aquella relación tan desigual estaba abocada al desastre.

Felipe sentía un gran dolor por haber perdido a su amigo, pero nadie en su familia le comprendía ni fue capaz de consolarlo. Al contrario, todos le reprendieron y gritaron.

Al llegar a este punto de inflexión emocional, harto de tanta frialdad e incomprensión, Felipe abandona a su familia y va en busca de alguien que le quiera y entienda. Tristemente, todo aquel con quien se topa le rechaza, se burla, se asusta… Muy pronto el joven cactus se da cuenta de que no es bienvenido.

 

Así, termina solo. Al inicio no disfruta de esa soledad que enriquece el alma sino de una soledad forzada que le hace cada vez más daño, generando angustia y amargura. Sin embargo, con el paso del tiempo aprende a vivir en soledad y hasta disfruta de su propia compañía.

Entonces ocurre el milagro: escucha el llanto de una roca, un llanto desolador que transmite una profunda soledad.

Felipe no tiene que pensar, sabe exactamente lo que tiene que hacer: darle un abrazo.

Reflexión:

El protagonista tiene que recomponer sus pedazos rotos y sobreponerse a una infancia marcada por el distanciamiento emocional de sus padres.
Si sabemos leer entre líneas y no nos limitamos a realizar una interpretación superficial, descubriremos que:
– Por mucho daño que nos hayan hecho, tenemos la capacidad de sanar y seguir adelante, hasta encontrar aquello que ansiamos y merecemos.
– La desesperación y la angustia pueden llevarnos a establecer relaciones inadecuadas en las que ambos saldremos heridos.
– Solo cuando nos aceptamos, cuando nos queremos tal como somos y aprendemos a disfrutar de nuestra compañía, podemos establecer relaciones sanas y satisfactorias con los demás.

 

 

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