Magda Cubel | Jugar con nuestros hijos
En este artículo se pretende remarcar los errores más frecuentes que cometen los padres al jugar con sus hijos para que se puedan minimizar y convertir en una experiencia que fomente la creatividad y la imaginación, la resolución de problemas y la tolerancia a la frustración, entre otros.
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Jugar con nuestros hijos.

El juego es una actividad que beneficia a los niños de muchas maneras:

  1. Ayuda a crear experiencias y sentimientos positivos entre la familia que más tarde ayudará en momentos de conflicto.
  2. A través del juego se puede enseñar a los niños a resolver problemas, a experimentar con ideas nuevas y desarrollar su imaginación.
  3. Ayuda a desarrollar su vocabulario y a aprender a comunicar sus pensamientos, sentimientos y necesidades.
  4. Les ayuda a interactuar con los demás, les enseña a esperar y respetar turnos y a cómo responder la los sentimientos de los demás.
  5. Cuando los padres se involucran en el juego de sus hijos suelen mejorarse los problemas de conducta.

Sin embargo, muchos padres no saben jugar con sus hijos y cometen algunos errores que trataremos de resaltar para poderlos minimizar:

  • Como adultos que somos, al jugar con nuestros hijos tratamos de dirigir el juego, “les enseñamos a jugar”, en lugar de seguir la dirección, las ideas y la imaginación del niño. No hay que organizar el juego, ni la actividad dándole órdenes o instrucciones de cómo jugar. Solo hay que hacer lo que nos pidan.
  • Hay que dejar que el niño elija el tipo de juego que desea; podemos darles varias opciones de juegos y juguetes, para que ellos ensayen y elijan jugar con el que prefieran. Tampoco importa si juegan a algo diferente a lo que el juego está destinado. Lo que prima es la creatividad, para eso es un juego.
  • El niño tiene que marcar el ritmo del juego. Los niños pequeños tienden a repetir la misma actividad una y otra vez. Aunque este juego repetitivo puede aburrir a los padres, deben esperar a que él mismo decida hacer algo diferente por sí mismo.
  • No hay que competir con el niño. A los niños pequeños les gusta tener el control del juego. No importa que ellos inventen sus propias reglas que le permitan ganar. No se preocupe porque no vaya a aprender a perder, hay otros momentos donde enseñarles esto. Si cooperamos con las reglas que el niño invente en ese momento, esto hará más probable que él siga las reglas que le propongamos.
  • No hay que corregir ni criticar al niño ni indicar cómo se hacen las cosas cuando está jugando. El juego de los niños no tiene que ser perfecto. Lo más importante es experimentar y crear, no el producto final.
  • Lo importante es fomentar la creatividad y la fantasía y el juego es una oportunidad para favorecerlo. Déjese llevar. Permita que una caja sea un barco, una silla una fortaleza y las muñecas se conviertan en familiares.
  • Aproveche  el juego para elogiar al niño. Aprecie lo que el niño está haciendo. Elogie sus esfuerzos, todo lo que es capaz de hacer y lo bien que lo hace.
  • Utilice comentarios descriptivos. No bombardeé al niño con preguntas mientras juega, mejor apoyelo haciendo comentarios descriptivos de lo que están haciendo. Para ello, lo mejor es que actúe como si estuviera retransmitiendo su juego.
  • Favorezca que el niño resuelva los problemas que surjan en el juego. Durante el juego al niño se le presentan problemas: no puede abrir una caja, encajar una pieza o colocar el techo de una casa. El papel de los padres debe ser fomentar su confianza, animarle a intentarlo, darle pistas o apoyo para resolverlo, pero no hacérlo por él.
  • Los niños necesitan que se le preste atención. A veces, sus comportamientos negativos buscan solo eso: que se le preste atención. El juego es un buen momento para atenderlos. Prestele atención cuando juega, de esta forma no necesitará inventar comportamiento negativos para que lo atiendan. Una buena estrategia si el niño juega de manera inadecuada, grita o chilla, es dejar de prestarle atención, por ejemplo, dese la vuelta. Cuando vuelva a jugar correctamente,  vuelve a atenderle. Si el comportamiento es destructivo, puede parar el juego diciéndole simplemente: cuando te portas así, tenemos que dejar de jugar.

Si todos los días dedica un tiempo para jugar con ellos, el momento de finalizar no será conflictivo, porque saben que podrán jugar de nuevo al día siguiente.

Al terminar de jugar, el niño debe recoger sus juguetes. Usted le puede ayudar, animar a hacerlo y elogiarlo por ello. En conclusión, diviértase y disfrute con su hijo.

Adaptatdo de Jesús Jarque García.

Magdalena Cubel Alarcón.

Psicóloga Clínica de Valencia (Benimaclet)

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